El secreto del éxito de Russell Wilson

Por Enrique Siu

 

Imagina que eres novato. Estás haciendo tu debut en post-temporada –no sólo participando sino iniciando. Te encuentras lejos del tanto incondicional como efectivo apoyo de tu fanaticada, y de repente… ¡Boom! Cuando te das cuenta, casi ha concluido el primer cuarto del partido y ya te encuentras abajo por 14 puntos en la pizarra.

 

Dicho sea de paso, la desventaja más amplia que has enfrentado en el año.

 

Para hacerlo más interesante, sumemos a lo anterior que rumbo a intentar la remontada, tu pateador se lastima la pantorrilla, y la visión de que el juego pueda depender de una extremidad dañada cobra vida; además, que estando a punto de tomar por primera vez la delantera, tu usualmente imparable corredor entrega el balón a la entrada de las diagonales, dándole así un pretexto al contrario para cortarte el impulso que con tanta diligencia te ha costado generar; y que, inmediatamente después de ese bajón, tu mejor liniero defensivo se destroza la rodilla, justo cuando más lo necesitas para contener la ofensiva de tu rival y seguir dándote una oportunidad en el desafío.

 

Está como para pedir que detengan el vudú… ¿o no?

 

Mas si no fueran suficientes estas condiciones, visualiza también el buscar operar en medio de un vibrante escenario adverso, que no es otra cosa sino el reflejo del trabajo de un colega que –aunque no más experimentado profesionalmente que tú– se ha convertido en la sensación del momento en virtud del innegable impacto que ha causado en su equipo. Y teniendo fresco en tu memoria que él fuese seleccionado 73 lugares antes que tu nombre fuera mencionado en el Draft del cual salieron, no evitas sentir la ardiente inquietud de demostrar que, sin importar el orden de elección, tú eres quien en verdad tiene la onza –claro está, al mando del trabajo que comanda mayor atención en el mundo de los deportes…

 

Así pues, de vuelta a la realidad, si coincides en que todo lo referido bien puede considerarse en su conjunto como una muy imponente marejada emocional con la cual lidiar, entonces lo más probable es que te pase una sola cosa por la mente:

 

¿De dónde sacó Russell Wilson –y por extensión, su equipo– el temple necesario para mantener la calma y no dejarse ahogar?

 

Ésa es la pregunta que no pocos aficionados y analistas de igual manera se hicieron (y se siguen haciendo) a raíz del triunfo de los Seahawks sobre los Redskins en la Ronda de Wildcard. Y es que aunque algunos han optado por atribuir tal resultado a lo que el campeón de la división Este dejó de hacer –como consecuencia de la evidente disminución física de Robert Griffin III en ese día–, el hecho incontrovertible es que ni ésta, ni las otras satisfacciones que recientemente han gozado los representantes del Pacífico Noroeste les han sido regaladas. Por el contrario, ellos las han hecho suyas por derecho.

 

Y el porqué de su buena estrella para merecerlas no es tan difícil de determinar.

 

La historia de los Seattle Seahawks, edición 2012, es sin duda una de las más llamativas en la actualidad de la NFL. En primera instancia, porque ahora parece inmensamente lejano el recuerdo de que no hace mucho, la continuidad de su entrenador al frente del equipo se había analizado en algunos sectores; pero principalmente, porque los Plumíferos son prueba tangible de cómo se puede dejar la medianía y dar el salto de calidad.

 

Obviamente, para aspirar a cosas grande en un futuro próximo.

 

Debido a su rol como quarterback, el mayor reconocimiento para que se diera tal mejora se le ha conferido (entendiblemente) a Russell Wilson, y yo no me opongo a eso. Dado que al igual que a nuestro amigo Alberto Mussali, la saga del egresado de la Universidad de Wisconsin me ha parecido sumamente atractiva desde el principio. Y antes que nada, porque los números hablan por sí solos.

 

Pero en donde sí estriba una diferencia de opiniones, es en la identificación del logro que esencialmente ha propiciado que Seattle hubiera tenido este gran éxito. Porque mientras la mayoría cree que lo más inspirador del caso, es el hecho de que Wilson haya destrozado el estereotipo (a la Drew Brees) de que un quarterback forzosamente tiene que reunir un cierto patrón físico para desempeñar correctamente sus funciones, lo que a mí más me ha impresionado, es que Wilson haya brincado una figurativa valla de mayor altura.

 

Léase, el dinero.

 

En serio. Ya que si algo ha sido repetitivo en la Era de la Agencia Libre, es que en aquellas coyunturas en donde las franquicias han hecho notables esfuerzos económicos para consolidar la posición de QB –como lo hizo Seattle cuando firmó a Matt Flynn–, mas por obra del destino, se llega a establecer una verdadera competencia por la titularidad de forma súbita –como cuando Wilson empezó a destacar en el campo de entrenamiento–, a la hora de la verdad, los equipos titubean, y generalmente terminan inclinándose por aquella figura que ellos creen justificará la mayor inversión. Despreciando incluso, que el sorpresivo crecimiento del menos favorecido eleve substancialmente dos rendimientos: el propio y el del equipo.

 

O en mejores palabras, lo que esté pasando justo enfrente de sus ojos.

 

Y como prueba, les dejo este muestrario…

 

1.- 1997: Los Chiefs firman a Elvis Grbac como agente libre, pero al romperse éste la clavícula a mitad de la temporada, el poco destacado veterano Rich Gannon toma las riendas del equipo y los lleva a ganar 5 juegos consecutivos, posicionándolos con el mejor récord de la Liga. Los Chiefs le dan las riendas de vuelta a Grbac al final de la temporada y proceden a perder su primer juego de playoffs contra Denver –rival al que Gannon ya había vencido. Después de convivir otro año juntos en KC en donde Gannon claramente fue mejor que Grbac, los Chiefs deciden mantener sólo al ex-49er. Gannon no sólo se convertiría en MVP, sino que llegaría al Super Tazón 5 años después como miembro de los Raiders de Oakland.

 

2.- 1998: Los Bills traen de Jacksonville a Rob Johnson e importan a Doug Flutie de la CFL, con Johnson definitivamente firmando el contrato más jugoso. Después de un inicio de 0-3 que empieza a mostrar a Johnson como frágil, Flutie los lleva a terminar la campaña con marca de 10-6, metiéndolos a post-temporada. Un año más tarde, en 1999, después de guiar a los Bills a una marca de 10-5, Flutie es sustituido por Johnson en el último juego de la campaña, y para el juego de playoff contra los Titanes de Tennessee que se jugaría la semana siguiente; aquél que recuerdan por esta jugada. Flutie saldría de Buffalo…y Johnson eventualmente lo seguiría. Pero los Bills no han calificado a los playoffs desde entonces.

 

3.- 2004: Tras ser despreciados por Eli Manning, los Chargers obtienen a Phillip Rivers, teniendo a un todavía discreto Drew Brees bajo contrato. Brees responde al llamado llevando a los Chargers a los playoffs en ese 2004, logrando un nombramiento al Pro Bowl en el proceso. Un año después, Brees se lesionaría el hombro gravemente en el último juego de la temporada, y como es agente libre al final de la misma, los Cchargers deciden no renovarlo. Brees ganaría el Super Tazón en la temporada de 2009, mientras que Rivers –aún teniendo buen desempeño– ni siquiera ahí ha llegado.

 

…Razón por la cual, la labor de Pete Carroll tampoco puede pasar inadvertida.

 

Ya que con el hecho de mantener (en teoría, simple; pero ya vimos que en la práctica, difícil) una fidelidad inquebrantable a su instinto, y evitando así la tentación de ceder a las presiones cuando la situación no era de color de rosa, el otrora entrenador de los Troyanos del Sur de California fijó las bases para crear un ambiente ganador. Cierto, Wilson es un talento especial, y los Seahawks ya contaban con otras piezas interesantes en su plantilla. Pero al hacer algo similar a lo que hicieron los Patriots en 2001, cuando a pesar de firmar a Drew Bledsoe por un contrato de más de 100 millones de dólares, Bill Belichick le entregó las llaves del coche a Tom Brady para no volver la cara atrás (a pesar de que NE llevaba una marca de 5-5 después de 10 juegos), Carroll ha mandado el simple pero contundente mensaje de que no importando la remuneración en el cargo, los mejores estarán en el terreno de juego. Dándole confianza a sus jugadores de que habrá justicia en los procesos.

 

Y cuando eso logra, todo aquél que ha participado en una actividad grupal deportiva bien les puede decir, que el cielo es el límite.

 

Por lo mismo, no es de sorprender que Wilson haya llegado más lejos y mucho más rápido que inclusive sus más afamados compañeros de generación (Andrew Luck y el citado RGIII); o que Seattle por fin haya ganado su primer juego de playoff como visitante desde 1983; o que casi lograran remontar el partido con Atlanta en la ronda divisional a pesar de estar abajo 20-0; o que su futuro luzca más brillante que nunca.

 

Si tan sólo porque los retos que se le han ido presentado (y se le presentarán) en el camino a su líder –como fue el caso de su presentación en estos playoffs– están meramente catalogados dentro de lo que son las típicas batallas de rigor. Y que sin afán de menospreciarlas, yo creo por eso le han resultado relativamente fáciles de sortear. Ya que no han dejado de ser eso –batallas.

 

Porque lo que es una guerra, créanme: ésa ya la ganó.

 

Sufrido pero fiel aficionado de Kansas City al igual que Ulises Harada Carranza (la razón de su empatía), Enrique Siu escribe en BobGretz.com, blog especializado en los Chiefs, comandado por el votante del Salón de la Fama, Bob Gretz. Puedes seguirlo en Twitter en @EnriqueSiu

Ulises Harada

Desde principios de los 90 pasaba las tardes de domingo frente al televisor viendo partidos de NFL y desde entonces profesa el 'arrowhead pride'. Socio Fundador de Primero y Diez en donde es pieza fundamental en el trabajo editorial y comercial. Día a día, sin importar dónde esté, escribe, discute y analiza lo que sucede en la liga.


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