Desde Cleveland: el primer triunfo de los Browns

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Por Andrés Ornelas, desde Cleveland, Ohio.

A pesar de sentirme al principio como forastero al llegar a Cleveland, en el plano deportivo algo se me hacía conocido. Desde que llegué sentí una vibra diferente, se sentía en el ambiente que algo extraño pero increíble iba a suceder.

Desde un inicio se nota cómo la gente en Cleveland ama a sus equipos. Alcanzas a ver jerseys de Lebron James, de Francisco Lindor o de Jim Brown, y desde un inicio te percatas que a toda la gente local le importa el deporte; parece que no hay mucho más que hacer en esta ciudad que ver deportes.

Se acercaba la hora del juego. Nuestro hotel estaba a la vuelta de la equina del estadio, por lo que no fue necesario salir mucho antes de la cita, que empezaba a las 20:20 hora de Cleveland.

Al caminar hacia el estadio First Energy, empezamos a convivir con los fans de los Browns. Pocos pensaban que ganaría su equipo, pero algo más triste de lo cual me percaté fueron los nombres de los jerseys de los fans que caminaban a nuestro lado: Johnny Manziel, Joshua Cribbs, Brady Quinn, Trent Richardson, o jerseys tachados de Josh Gordon o Corey Coleman.

Triste panorama para un equipo que no ha tenido estrellas en la era de Super Bowl, tanto, que ni si quiera tienen algún referente histórico sobre el cual la gente pueda comprarse su jersey para sentirse orgullosos. Más bien, son personas acostumbradas al fracaso: lo pude notar con esta playera que compré que dice “Todavía odiamos a John Elway”.

Llegamos al First Energy y la vista era espectacular. El estadio es gigantesco y a 15 minutos de empezarar el partido ya quedaban muy pocos lugares. Me llamó la atención lo fieles que siguen siendo los fans en Cleveland.

Desde el kickoff los locales se veía fríos, sin personalidad ni energía. Por ahí se escuchó mi comentario: “Ojalá entre Baker Mayfield y lo veamos ganar el partido”,  A la postre fue exactamente lo que ocurrió.

Tyrod Taylor no supo mover su ofensiva. Guardaba demasiado el balón y no pudo hacer mucho en sus pases: solo completó 4 en 14 intentos; la ofensiva estaba congelada. Era el momento perfecto para meter al joven desde la banca. Cleveland iba ya perdiendo 14-0 y no se veía por dónde podrían contestar. Lo más notable es que ni si quiera fue decisión de Hue Jackson que Mayfield entrara, sino que fue forzado por una lesión de Taylor.

Desde el instante en el que entró Mayfield, a finales del segundo cuarto, se vio un ambiente diferente, lleno de energía, empuje y dinamismo. El QB sólo cometió un error todo el juego cuando aguantó el balón demasiado y se provocó un fumble, que para su suerte recuperó su liniero. Fuera de eso tuvo un partido prácticamente perfecto: 17 pases completos de 23 intentos para 201 yardas. Solo le faltaron las anotaciones, aportación de Carlos Hyde.

Lo más impresionante de Baker Mayfield fue la colocación de sus pases: parecía veterano de diez años mandando balones antes de que los receptores hicieran sus cortes o colocando el balón entre dos o tres jugadores defensivos para que cayera exactamente a las manos a Jarvis Landry o Antonio Callaway. Obviamente contó con la increíble ayuda de su defensiva, sobre todo la línea con Miles Garrett presionando a Sam Darnold en cada jugada; ningún quarterback puede ganar solo.

De repente, antes de que acabara el juego, se paseaba entre todo el público una playera de los Jets y la gente iba arrancando pedazos –inclusive logré llevarme uno– parece que me llevé un pedazo de historia.

Lo que logró este novato QB puede contarse hasta como leyenda, porque no sólo fue que llegara de la nada aganar un partido que parecía difícil, sino que logró acabar con una tendencia de partidos perdidos que se remonta a 2016.

Al salir con la victoria, la gente caminaba por las calles cantando hacia el cielo, con las palabras “Baker Mayfield” saliendo a todo pulmón; todos juntos y al unísono. Me hizo pensar por un momento que estaba saliendo de un partido histórico de la Premier League de football soccer. La gente caminaba hacia sus casas cantando y aplaudiendo, y la energía subía y subía.

De ahí nos fuimos a un pub a celebrar con los locales; una locura lo que vivimos, y la gente de Cleveland nunca lo dejará de agradecer.

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