La historia de Brodway Joe Namath

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En Beaver Falls High School, Joseph Willie Namath utilizó el número 19 en honor de Johnny “U”, mejor conocido como Johnny Unitas sin saber entonces que, precisamente ante su ídolo y sus Baltimore Colts le llegaría el momento definitorio no sólo de su carrera, sino del éxito de la AFL y el futuro de la NFL.

Acompáñanos a revivir la historia de Joe Namath.

Orígenes

Como el menor de cinco hermanos Joe tuvo la dicha de ser el consentido de la familia. Lamentablemente sus padres se separaron y fueron sus hermanos mayores los que tomaron las riendas de la familia. Joe quería jugar baseball, específicamente para los Chicago Cubs quienes le ofrecían 50 000 dólares, sin embargo su madre quiso que fuera a la universidad, por lo que Joe acató la orden y  tuvo que seguir estudiando.

Namath optó en principio por la Universidad de Maryland, sin embargo falló en las pruebas académicas en la cuestión académica y no fue aceptado en el programa, por lo que el legendario coach Bear Bryant le abrió las puertas al Crimson Tide de Alabama. Ahí Namath experimentó un choque cultural, pues era considerado un yankee en un estado sureño cuyas costumbres y problemáticas raciales presentaban muchas barreras. De hecho, Namath estuvo presente en el famoso momento de la inclusión de los primeros alumnos afroamericanos en una universidad en el estado de Alabama; aquel cuando el gobernador George Wallace quiso impedir el ingreso de Vivian Malone Jones y James Hood antes de ser retirado por elementos de la Guardia Nacional. Una escena que es recordada de una manera cómica en la película Forrest Gump .

Joe Namath se ganó el respeto de sus compañeros a pesar de ser suspendido en su año Junior por romper las reglas del equipo e irse de fiesta. Para su año Senior (1964) ganó el campeonato nacional. Elegido tanto por los St.Louis Cardinals como por los New York Jets en los respectivos Drafts de las ligas NFL y AFL, inicialmente Namath pretendía 100 000 dólares para firmar con St.Louis. Aunque los Cardinals estaban dispuestos a desembolsar esa cantidad, a su agente no le convenció el mercado de St.Louis y los patrocinadores que podían ofrecerle, por lo que visitaron a Sonny Werbelin, dueño de los New York Jets y empresario ligado al entretenimiento que a su vez era agente de grandes estrellas de la época, incluyendo a Frank Sinatra.

Así Joe no sólo consiguió el doble de dinero en su contrato y el Lincoln Continental convertible que siempre deseó, sino que obtuvo grandes beneficios para su familia. Se calcula que su contrato ascendió a 470 000 dólares, una cantidad impensable para un jugador profesional de la época, pero muy pronto Namath, junto Sonny Werbelin, no solo justificaron la cantidad sino que cambiaron la industria del football para siempre. Su compañero de equipo, el entonces veterano Sherman Plunkett, de inmediato le apodó “Broadway Joe” tras ver su portada bajo las famosas luces neoyorquinas en la revista Sports Illustrated.

El ascenso

Para encaminar a Namath y a la joven franquicia de los New York Jets no había mejor hombre que Weeb Ewbank, quien había guiado antes a los poderosos Baltimore Colts y Johnny Unitas durante su campeonato de 1958 –aquel partido conocido como “El Juego Más Grande Jamás Jugado” y su eventual bicampeonato en 1959. Namath de inmediato se ganó el vestidor a pesar de los celos de sus compañeros –producto por su enorme salario como novato– gracias su brazo, un verdadero regalo de la naturaleza. Sus cualidades en el campo y su fama fuera del mismo resultaron todo un éxito de marketing y de inmediato “La Ciudad que nunca duerme” cayó rendida a los pies de Namath: hombres, niños e incluso mujeres –quienes entonces no figuraban como objetivo del mercado del football– querían ver a Brodway Joe, quien con su carisma y apariencia cautivó al mercado más importante del Estados Unidos y tal vez del mundo.

Y también pronto llegaron los éxitos en el campo: Rookie of the Year en la AFL en 1965, el primer jugador en lanzar para 4 000 yardas en cualquier liga profesional en 1967, y por supuesto, el año 1968 que cambió al football para siempre.

El momento clave

A pesar de su éxito fuera del campo y un gran brazo, comparable sin problemas con el de Brett Favre o Aaron Rodgers, Joe Namath tenía una gran debilidad: las intercepciones. Por ese motivo debió adaptarse a un nuevo estilo de juego, más balanceado, que no pusiera al equipo en malas situaciones por la naturaleza arriesgada de “gunslinger” de este QB. Así fue como los Jets lograron avanzar por primera vez a playoffs y en el juego de campeonato de la AFL se impusieron 27-23 a los Oakland Raiders para acceder al Super Bowl III (o I, si nos ponemos estrictos, al tratarse del primer juego entre la AFL y NFL en ser bautizado como Super Bowl, y no “AFL-NFL World Championship Game” como las primeras dos ediciones).

Pero bueno, sigamos la nomenclatura tradicional y recordemos que las primeras dos ediciones del Super Bowl habían sido victorias fáciles para los representantes de la NFL. Esta vez no parecía ser la excepción: los Baltimore Colts eran favoritos por 17 puntos, lo cual actualmente en un juego de campeonato es algo ridículo e imposible de ver. Namath y el resto del equipo los Jets se encontraban descansando en la semana previa al Super Bowl III en Miami, cuando de repente una voz desconocida se alzó gritando que los Colts ganarían fácilmente, a lo que Namath contestó: “Nosotros vamos a ganar, lo garantizo”.

La frase resonó en todos los periódicos y noticieros. La confianza de Namath era digna de aplaudir, pero la idea fue ridiculizada en los medios y por la gente de la NFL, que seguía viendo a la AFL por encima del hombro. Nadie daba un centavo por los Jets pero cuando llegó el juego Namath respaldó sus palabras frente a los Colts de Don Shula y de su ídolo de la infancia, Johnny Unitas, quien estaba en la banca de los Colts al inicio del juego.

Para sacar de balance a los Colts, Brodway Joe cambiaba las jugadas sobre la línea y, aunque tuvo un juego bastante discreto –206 yardas sin TD– manejó el reloj a la perfección y manipuló el flujo de las jugadas con Matt Snell, quien resultó imparable para la defensiva de los Colts. 16-0 estaba el marcador en el último cuarto, los Colts apenas pudieron anotar en una ocasión y Namath se encargó de matar el reloj para dar a los New York Jets y la AFL el respeto perseguido por toda una década, gracias a una de las mayores sorpresas en la historia del Super Bowl.

La cima y el principio del fin

Broadway Joe no solo había conquistado New York, ahora todo el país conocía su nombre. La hazaña conseguida se encargó de poner su nombre en todos lados: cine, televisión, teatro, revistas, anuncios comerciales, restaurantes, bares, etc. Namath ya er más que jugador, era una marca; llevó la publicidad a otro nivel y su fama nacional en su época puede ser comparada con la de los Beatles, Neil Armstrong, los protagonistas del movimiento por los derechos civiles y John F. Kennedy. Namath es icono de los gloriosos sesenta y setenta, de gran significado para la cultura pop.

Sin embargo, en el campo las cosas nunca volvieron a ser las mismas para el QB. Las lesiones, principalmente en sus rodillas, fueron minando su carrera desde el football colegial. Incluso perteneciendo a una época en la que el pasador era muy castigado, Namath era una excepción, al punto de parecer un consentido de los defensivos que lo tackleaban sin intención de lastimarlo,  ayudándolo a caer “cómodamente” y después dándole la mano para levantarlo. Fue un jugador muy respetado por su gran su carisma, su significado para el juego y sus agallas para regresar al campo pese a las lesiones.

Su carrera terminó de una manera que podemos considerar algo triste y lejos de la ciudad que le dio brillo. En 1977 apenas pudo disputar cuatro juegos con el equipo de Los Angeles Rams. Sus números totales quedaron muy lejos de la perfección, con un porcentaje de apenas 50.1% de pases completos, 27,663 yardas y 173 TD por 220 INT en su carrera.

Joe Namath se convirtió en el ídolo de una generación y sentó las bases para la resonancia de futuras estrellas dentro y fuera de la cancha, principalmente en el terreno comercial. Al final, su impacto sobre el juego fue reconocido con la inmortalidad en 1985 cuando fue inducido al Salón de la Fama. Una inmortalidad ganada desde mucho antes en la cultura popular estadounidense.

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