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Los fantasmas del Candlestick Park

A menos de que un milagro ocurra, el próximo lunes será el último partido de NFL que se disputará en el Candlestick Park, hogar de los San Francisco 49ers e incluso, por algunos meses, de los Raiders. Siempre que termina la vida de un estadio es lo normal hacer una lista de recuerdos y grandes momentos, sin embargo el Candlestick Park está lleno de fantasmas que contribuyeron a cambiar por completo la NFL desde los 80.

 

Sin duda el fantasma más grande e importante del Candlestick Park está repitiendo una y un millón de veces Sprint Right Option, con Joe Montana y Dwight Clark formando parte fundamental de la historia de la NFL con una de las jugadas más emblemáticas que puso al fin de una dinastía y forjó, para mi gusto, el inicio del equipo perfecto.

 

“Fue un gran partido, tal vez el mejor juego en el que participé en toda mi carrera. The Catch es tan memorable que sólo tienes que decir el nombre y todo mundo sabes de lo que estás hablando. Le permitió a un equipo, con novatos que no sabían absolutamente nada y con veteranos que se aferraban a un sueño, tener un lazo que nos uniría por siempre.

 

Estaba corriendo hacia mi derecha con la defensiva de los Cowboys encima. Vi a Dwight en el fondo de la Zona de anotación y lancé el pase. Él se levantó y lo atrapó, justo en ese momento durará toda la eternidad”, son las palabras de Joe Montana sobre esa épica jugada.

 

Esos fantasmas no sólo viven en la mente de todos los fans de la NFL, sino también viven en el único QB hasta el momento que tiene la oportunidad de alcanzar el mítico legado de Montana. Ese día un niño de 4 años llamado Tom Brady estaba en el Candlestick Park viendo a esos fantasmas en vivo y a todo color.

 

Probablemente The Catch es el momento más importante en la historia de este estadio, pero no es el único. Existen la segunda y tercera versión de The Catch, no tan dramáticas como la final de Conferencia de 1980 pero que también están presentes. Terrell Owens tuvo la jugada más importante de su carrera en San Francisco al atrapar ese pase justo después de soltar todo lo que le lanzaban. Años después Alex Smith lograría lo imposible, regresar no sólo una vez si no en dos ocasiones dentro de los últimos cuatro minutos en contra de los Saints.

 

Los fantasmas existen y el Candlestick está lleno de ellos, los cuales se encargaron de forjar su inmortalidad y viven en Canton Ohio, aunque constantemente se escapan a revivir la historia. Fred Dean fue una pieza clave en la defensiva tan poco reconocida de los 49ers de los 80 pero vital para la dinastía. Jimmy Johnson, fuen uno de los primeros shutdown corners en 1961 y terminó su carrera en the Stick. Por algún lugar de este estadio corre David Wilcox persiguiendo TEs y siendo virtualmente imparable para las ofensivas rivales.

 

El Candlestick Park también tiene al fantasma del más grande de todos los tiempos, Jerry Rice, forjando su paso a la inmortalidad con cada recepción, anotación y triunfo en su increíble carrera. También hay un fantasma que decidió amputarse una parte de su dedo para seguir jugando y castigar a quien se le pusiera enfrente. Ronnie Lott sigue sigue siendo el que más ruido hace de todos los fantasmas y dando discursos motivacionales cerca de la yarda 50 del Candlestick Park.

 

Por si fuera poco, estos fantasmas son testigos de la mayor rivalidad y controversia de quarterbacks en la historia de la NFL. Por alguna razón este estadio tuvo la fortuna de tener dos QB de Salón de la Fama de forma consecutiva. El Candlestick Park fue testigo de cómo Steve Young pudo brillar con luz propia y ser uno de los QB más espectaculares y efectivos en los 90, además de sacudirse la sombra del más grande de todos los tiempos.

 

¿Y qué no se ha escrito de Joe Montana (aquí pueden leer un poco más)? Montana vive en el Candlestick Park haciéndonos creer que lo imposible es posible. El espíritu de Joe Cool brilla con mayor intensidad cuando falta un minuto en el marcador, tiene el balón y necesitan el drive del triunfo.

 

 

Pero  el fantasma más importante del Candlestick es de hecho un verdadero fantasma, de los pocos que conocen por completo ese estadio y quien logró hacer de este inmueble uno de los más temidos de toda la NFL. Este fantasma dejó una huella imborrable tanto en la NFL como con los 49ers y su imagen es muy clara, enseñando, entrenando, dibujando jugadas en la tierra. Estoico, firme y en control frente al público. Inseguro, depresivo y abrumado por cada derrota en privado. Pero revolucionando por completo este deporte, el cual no fue el mismo después de que él dejó su huella.

 

Puede sonar un poco romántico, pero por momentos simplemente cierro los ojos e imagino a todos esos fantasmas y a muchos más volver a pisar el Candlestick Park en el mismo momento. Por un lado The Catch, seguido por el acarreo de Garrison Hearst en tiempo extra y después por el caos del partido de Playoffs contra los Giants en el 2002 en el intento de FG. También puedo ver claramente a Colin Kaepernick humillar él sólo a los Packers, o a Vernon Davis festejar con lágrimas el último TD en contra de los Saints.

 

Imagino a Jerry Rice quemar a Deion Sanders, a Roger Craig convertirse en el primer RB amenaza dual en la historia de la NFL y a Joe Montana alzando los brazos festejando cada anotación. Todos ellos guiados bajo el ojo crítico de Bill Walsh, cruzado de brazos y con sus 25 primeras jugadas diagramadas. En algún lugar de este estadio también está Eddie DeBartollo celebrando cada uno de esos momentos como el primero y el último.

 

Comienza una nueva era en San Francisco, un nuevo estadio y sin duda nuevos momentos. Esta es la oportunidad ideal de darle gracias al Candlestick Park por tanta magia, por tantos detalles inolvidables y por los San Francisco 49ers. Los fantasmas vivirán en nuestra mente durante la eternidad.

Ulises Harada

Desde principios de los 90 pasaba las tardes de domingo frente al televisor viendo partidos de NFL y desde entonces profesa el 'arrowhead pride'. Socio Fundador de Primero y Diez en donde es pieza fundamental en el trabajo editorial y comercial. Día a día, sin importar dónde esté, escribe, discute y analiza lo que sucede en la liga.


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