Joe Montana

Joe Montana, el más grande de todos los tiempos

 

Si les gusta la NFL, el nombre de Joseph Clifford Montana (o simplemente Joe Montana) es un referente de excelencia en este deporte. Junto con Terry Bradshaw es el único quarterback que ha logrado ganar cuatro Super Bowls, pero a diferencia de la leyenda de los Steelers, Montana es conocido por ser uno de los mejores jugadores en los momentos de más presión.

 

Egresado de la universidad de Notre Dame, la leyenda de el más grande de todos los tiempos se comenzó a forjar en 1978, en el Cotton Bowl (conocido como el Chiken Soup Game) en donde a pesar de sufrir de fiebre, Montana logró hacer un regreso milagroso con cuatro segundos por jugar para que Notre Dame se llevara el triunfo 35-34.

 

La llegada a la NFL.

A pesar de sus grandes jugadas en Notre Dame, Joe Montana no era visto como más que un prospecto a largo plazo en la NFL. Durante el Draft de 1979 se seleccionaron 81 jugadores antes de que Bill Walsh, quien encontró a Montana mientras scouteaban a un receptor, decidiera darle una oportunidad en la liga. En tan sólo tres años, los 49ers y el resto de la liga se dieron cuenta de que tomar a Montana fue una de la mejores decisiones en la historia de la NFL.

 

La sinergia que formaron Joe Montana y Bill Walsh fue algo nunca antes visto. Montana, quien tenía un excelente movimiento de pies y una mecánica de pase casi perfecta, era el quarterback ideal para la ofensiva de la costa oeste de Walsh. A pesar de no contar con un equipo lleno de talento, en 1981 los 49ers lograron tener el mejor récord de la NFL y llevaron a los Niners a su primera Final de Conferencia desde que las ligas se fusionaron.

 

La muerte de una dinastía y el inicio de otra.

10 de enero de 1982, Final de Conferencia en el Candlestick Park. A pesar de que los 49ers fueron el mejor equipo de la liga, la NFL y los expertos daban por un hecho que el equipo visitante, los Cowboys liderados por Tom Landry y una de las potencias durante la década de los 70, llegarían al Super Bowl por cuarta ocasión.

 

Fue un partido complicado, lleno de jugadas grandes y de errores de ambos equipos. Montana estaba más motivado que nunca. Cada pase completo, cada jugada grande sólo hacían que el nivel de confianza del quarterback subiera, a pesar de las tres intercepciones que lanzó. A pesar de eso, con un poco más de 4 minutos por jugar en el último cuarto, los Niners perdían 27-21 y Montana logró ponerlos en la yarda 6 con 51 segundos por jugar.

 

Lo que llegó después es la jugada más famosa en la historia de la NFL. Conocida simplemente como “The Catch” (o Sprint Right Option, la cual ha inspirado documentales e incluso un libro) Montana se movió hacia la derecha y, sin encontrar libre a su primea opción, gano un poco de tiempo a pesar de la presión de Ed “Too Tall” Jones y otros miembros de la DL de los Boys. Una vez acorralado y sin salida, Montana mandó un pase al fondo de la zona de anotación (el cual parecía que iba a salir), cuando de la nada Dwight Clark saltó por encima de cualquier Cowboy, atrapó el pase y mandó a San Francisco al Super Bowl. En ese momento pocos sabían que estaban viendo el inicio de una dinastía.

 

En el Super Bowl.

Ningún jugador en la historia de este deporte ha sido tan letal en el escenario más grande de la NFL que Montana. De la mano de Bill Walsh (y en 1989 de George Seifert) Montana tuvo unos números simplemente espectaculares. Si sumamos sus cuatro actuaciones, Joe completó 83 de 122 pases (68%) para 1142 yardas, 11 TD, sin intercepciones y un sorprendente rating de 127.8 puntos. Sin duda su momento más grande fue durante “The Drive” de 92 yardas para ganar el Super Bowl XXIII con un espectacular pase a John Taylor. Además de derrotar en dos ocasiones a los Bengals, los Niners destrozaron tanto a Denver como a Miami.

 

Luz y sombra.

A pesar de tener una de las carreras más brillantes en la NFL, con actuaciones espectaculares y, lo más importante, cuatro anillos de Super Bowl, Montana tuvo una gran cantidad de dificultades a lo largo de 14 temporadas de la NFL.

 

Sin duda la primera fueron las lesiones. Montana fue un QB golpeado fuerte y de forma constante. En 1986 sufrió una grave lesión en la espalda baja, donde tuvieron que operarlo y se decía que su carrera había terminado. A pesar de eso (y de la competencia de cierto jugador llamado Steve Young), Montana logró recuperar su nivel y se mantuvo como titular en las siguientes temporadas, en donde los Niners alcanzaron dos títulos más.

 

En la final de conferencia de la temporada 1990, los Niners tenían la oportunidad de convertirse en el único equipo en la historia de la liga en ser tricampeón. San Francisco recibió a los Giants en el Candlestick Park, pero una fuerte lesión en el codo del QB (y un fumble crítico de Roger Craig) terminó con ese sueño. La lesión fue tan grave que Montana se perdió la temporada 91 y casi toda la temporada 92, antes de dejar el equipo vía cambio.

 

El legado

Al final del día, todos los QB modernos viven bajo la sombra de Joe Montana. Pueden tener todos los récords posibles, pero la perfección que logró Montana en los partidos importantes nadie la ha conseguido. Tom Brady lo ha empatado en el número de títulos, pero las últimas dos derrotas en el partido más importante pesan. (y el escándalo del Deflategate)

 

En mi humilde opinión, los récords son muy importantes, pero no valen absolutamente nada si no se convierten en títulos. Montana tenía la capacidad no sólo de mantenerse relajado en los momentos más críticos, si no de transmitir esa confianza al resto de su equipo. Les apuesto que si tuvieran la oportunidad de elegir a un QB en el último drive del Super Bowl perdiendo por 4 puntos, la mayoría seleccionaría a Joe Cool.

 

Para mí, Montana es un ejemplo de nunca darse por vencidos, de jamás rendirse y de que a pesar de todos los obstáculos, nunca darse por vencido. Gracias Joe Montana, no sólo por hacerme amar un deporte tan espectacular, si no por forjar parte de mi carácter e inspirarme en los momentos más complicados

  • El Stan

    Larga vida al rey.

    Quizá ese número de cero intercepciones en cuatro SUper Bowls es el más impresionante. Casi 3 TDs por partido? Impresionante.

Ulises Harada

Desde principios de los 90 pasaba las tardes de domingo frente al televisor viendo partidos de NFL y desde entonces profesa el 'arrowhead pride'. Socio Fundador de Primero y Diez en donde es pieza fundamental en el trabajo editorial y comercial. Día a día, sin importar dónde esté, escribe, discute y analiza lo que sucede en la liga.


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